18, diciembre 2025
Por: Rodrigo A. Longa T.
El 18 de diciembre de 2025 encuentra a Tarapacá entrando en una de las etapas más intensas del año. Diciembre trae consigo reuniones familiares, celebraciones, mayor circulación vehicular, compras de último minuto, uso más intenso de espacios públicos y una actividad comercial y social que transforma el ritmo cotidiano de la región. Pero junto con ese ambiente festivo también aumentan los riesgos, y por eso el fin de año debe ser entendido no solo como una época para celebrar, sino también como un tiempo para reforzar la prevención.
En estas fechas, la seguridad vial se vuelve una preocupación central. El aumento de desplazamientos entre comunas, las salidas familiares, los viajes, la congestión urbana y, en algunos casos, el consumo irresponsable de alcohol, generan condiciones que pueden derivar en accidentes evitables. Cada fin de año deja lecciones dolorosas cuando se normalizan conductas imprudentes al volante. Conducir bajo presión, con cansancio o bajo los efectos del alcohol no es un error menor: es una amenaza directa para la vida propia y la de los demás.
Pero el riesgo de diciembre no está solo en las calles. También entra a los hogares. El uso intensivo de luces decorativas, alargadores, artefactos eléctricos, cocinas, hornos y conexiones improvisadas aumenta la posibilidad de incendios domiciliarios, sobrecargas eléctricas y accidentes domésticos. En sectores con mayor precariedad, estas amenazas pueden multiplicarse por la falta de instalaciones seguras o por viviendas con materiales más vulnerables al fuego. Por eso, la prevención debe comenzar en casa: revisar enchufes, evitar sobrecargas, usar extensiones certificadas, mantener despejadas las salidas y cuidar especialmente a niños y adultos mayores.
Los espacios públicos también enfrentan una mayor presión en diciembre. Ferias navideñas, actividades masivas, paseos, playas, centros comerciales, eventos barriales y celebraciones comunitarias reúnen a miles de personas. En ese escenario, la prevención no depende únicamente de la presencia institucional, aunque ésta sea indispensable. También requiere corresponsabilidad ciudadana: respetar normas, cuidar a menores, evitar riñas, actuar con prudencia y estar atentos a situaciones de riesgo.
La protección de las familias debe estar al centro de toda estrategia preventiva. No se trata de enfriar el espíritu festivo, sino de entender que la mejor celebración es aquella que termina sin tragedias, sin accidentes y sin pérdidas que pudieron haberse evitado. Diciembre no debiera ser sinónimo de relajo frente al riesgo, sino de mayor conciencia sobre todo aquello que puede alterarse cuando la rutina cambia.
Tarapacá necesita reforzar en estas fechas la coordinación entre municipios, Carabineros, Bomberos, servicios de salud, comercio, organizadores de actividades y medios de comunicación. La prevención estacional debe ser clara, visible y cercana. Informar bien, advertir a tiempo y orientar con sencillez puede marcar una diferencia real en la protección de la comunidad.
También es importante no olvidar que muchas personas viven diciembre en condiciones difíciles: familias con menos recursos, adultos mayores solos, trabajadores expuestos a largas jornadas, conductores sometidos a mayores tiempos de traslado y comunidades donde la infraestructura urbana no siempre acompaña el aumento de actividad. La prevención, por tanto, también debe ser una expresión de empatía y de cuidado colectivo.
Celebrar con responsabilidad no le quita alegría a diciembre; al contrario, le da sentido. Porque el verdadero valor de estas fechas no está en el ruido, el exceso o la improvisación, sino en la posibilidad de compartir, volver a casa y cuidar a quienes más queremos.
En Tarapacá, diciembre debe ser una invitación a disfrutar, pero también a actuar con prudencia. Porque cuando una región se cuida a sí misma en los momentos de mayor movimiento, demuestra que la prevención no es solo una campaña: es una forma de proteger la vida.




