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Incendios en tomas y campamentos: cuando la precariedad también quema

15, enero 2025

Por: Rodrigo A. Longa T.

“La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes.”
Martin Luther King Jr.

El 15 de enero de 2025, los incendios en sectores de tomas y campamentos volvieron a poner sobre la mesa una realidad dolorosa para Tarapacá: la precariedad urbana no solo expresa desigualdad habitacional, también aumenta de manera grave el riesgo de emergencias que pueden terminar en tragedia. Cuando una familia vive entre conexiones eléctricas irregulares, materiales altamente inflamables, calles estrechas y escasa disponibilidad de agua, el peligro deja de ser una posibilidad lejana y se convierte en una amenaza cotidiana.

En los campamentos, un incendio puede avanzar en minutos. La cercanía entre viviendas, la acumulación de materiales livianos, el uso de extensiones eléctricas sobrecargadas, cocinas improvisadas y balones de gas mal instalados generan condiciones de alto riesgo. A ello se suma la dificultad para que los equipos de emergencia ingresen con rapidez cuando no existen vías adecuadas, señalización, grifos cercanos o espacios despejados para la operación de Bomberos.

Pero sería injusto reducir este problema a la conducta individual de quienes viven en estos sectores. La prevención debe considerar el contexto. Muchas familias no eligen vivir en condiciones inseguras; llegan a ellas empujadas por el costo de la vivienda, la falta de soluciones habitacionales oportunas y la ausencia de alternativas reales. Por eso, hablar de incendios en campamentos es también hablar de planificación urbana, acceso a servicios básicos, dignidad y responsabilidad pública.

La seguridad no puede ser un privilegio de los barrios consolidados. La información preventiva debe llegar precisamente donde el riesgo es mayor. Campañas sobre uso seguro de electricidad, manejo de gas, rutas de evacuación, limpieza de materiales combustibles, organización vecinal y protocolos de emergencia pueden marcar una diferencia concreta. Pero esas campañas deben ser permanentes, cercanas y construidas con la comunidad, no solo comunicadas desde una oficina.

También se requiere coordinación. Municipios, SENAPRED, Bomberos, servicios públicos, dirigentes vecinales y organizaciones sociales deben trabajar antes de la emergencia, no después de la pérdida. La elaboración de mapas de riesgo, la identificación de sectores críticos y la capacitación comunitaria son medidas necesarias para reducir la posibilidad de tragedias. En estos territorios, la prevención salva vidas porque permite ganar tiempo, ordenar respuestas y disminuir daños.

Tarapacá ha crecido de manera acelerada y desigual. Esa realidad obliga a mirar con mayor seriedad las zonas donde la ciudad se expande sin planificación suficiente. Cada incendio en una toma o campamento deja familias sin hogar, niños afectados, adultos mayores vulnerables y comunidades completas golpeadas por el miedo. No basta con lamentar las pérdidas ni con acudir cuando el fuego ya consumió lo poco que había.

La prevención debe llegar primero a quienes más la necesitan. Una región verdaderamente segura no es aquella que solo protege sus avenidas principales, sus edificios o sus centros comerciales; es aquella que también cuida sus bordes, sus campamentos, sus barrios más frágiles y a las familias que viven en condiciones de mayor exposición.

Porque cuando la precariedad arde, no solo se queman mediaguas o pertenencias. Se quema también la evidencia de una deuda social que Tarapacá debe enfrentar con humanidad, planificación y prevención.

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