31, marzo 2024
Por: Rodrigo A. Longa T.
āEl precio de la grandeza es la responsabilidad.ā
Winston Churchill
La Ruta A-16 no es solo una carretera. Para miles de personas en TarapacÔ, es el trayecto diario entre el hogar y el trabajo, entre Iquique y Alto Hospicio, entre la vida familiar y la actividad económica de la región. Pero también se ha transformado, demasiadas veces, en escenario de accidentes, congestión, maniobras peligrosas y tragedias que golpean a familias completas.
El accidente fatal informado el 31 de marzo de 2024 volvió a recordarnos una verdad incómoda: la seguridad vial en la Ruta A-16 no puede seguir tratĆ”ndose como un problema aislado ni como una fatalidad inevitable. Cada siniestro obliga a mirar con seriedad una ruta que concentra alto flujo vehicular, transporte de carga, locomoción colectiva, vehĆculos particulares y miles de personas que dependen de ella todos los dĆas.
Hablar de seguridad vial no es solo hablar de fiscalización. Es hablar de infraestructura, seƱalización, educación, tiempos de traslado, condiciones de la vĆa, conducta de los conductores y capacidad de respuesta ante emergencias. TambiĆ©n es hablar de planificación regional. Porque cuando una ruta clave se ve interrumpida por un accidente, no solo se afecta a quienes estĆ”n directamente involucrados: se paraliza parte importante de la movilidad entre dos comunas profundamente conectadas.
La A-16 exige una mirada integral. Se requieren campaƱas permanentes de prevención, mayor control de velocidad, fiscalización al transporte pesado, revisión de puntos crĆticos, iluminación adecuada, zonas seguras de emergencia y una coordinación efectiva entre autoridades, equipos de rescate, salud, municipios y policĆas. Pero tambiĆ©n se requiere conciencia ciudadana. Ninguna medida serĆ” suficiente si seguimos normalizando el exceso de velocidad, la conducción imprudente o la falta de respeto por las condiciones del camino.
TarapacĆ” no puede esperar a la próxima tragedia para volver a hablar de seguridad vial. La prevención debe instalarse antes del accidente, no despuĆ©s del dolor. La Ruta A-16 necesita dejar de ser vista solo como una vĆa de conexión y empezar a ser entendida como un espacio donde se juega, todos los dĆas, la vida de miles de personas.
Una región que crece necesita caminos seguros. Y una comunidad que aprende de sus tragedias debe transformar cada pérdida en una decisión colectiva: prevenir, fiscalizar, educar y proteger. Porque en la Ruta A-16, como en toda TarapacÔ, la seguridad no puede seguir llegando tarde.




